Una carta de Jesús para vos

Querido hermano:

Te escribo esta carta porque creo que, seguramente, en estos días puedas sentirte un poco sólo, triste o abatido, incluso puede que pienses que te he abandonado. Se que se te hace difícil verme en estas circunstancias, pero justamente por eso te escribo, quiero que sepas que estoy con vos. Ya se, te debes estar preguntando y si estás conmigo ¿dónde estas? ¿por qué no me ayudas?

Bueno, te voy contando porque quizás no te diste cuenta, pero me viste varias veces ya. Te acordas el día que te enteraste del primer caso de coronavirus en tu país y justo estabas con un amigo que te abrazo y te contuvo para que no estraras en pánico (ahí estaba yo). Viste que tu mamá vive sola y vos no la podes ir a visitar, pero justo un par de vecinos más jóvenes del edificio se ofrecieron para compararle la comida y el medicamento a los ancianos (ahí estaba yo). Te acordas la última vez que fuiste hacer las compras, como te atendió la cajera con una sonrisa y muchismo amor, a pesar de todo ( ahí estaba yo). Seguro estos días estas viendo bastante los informativos ¡no? viste que hay chicos de escuelas técnicas haciendo biombos para separar camas, otra gente haciendo respiradores con impresoras 3D y otra donando dinero a la salud pública (ahí estaba yo). También estarás mirando bastante las redes sociales ¿no?, te habrás enterado que tu vecina esta haciendo barbijos para el personal de salud y de seguridad (ahí estoy yo). Además sabrás de todos los médicos, enfermos que están trabajando sin descanso estos días (ahí estoy yo).

Ahora que ya sabes por donde ando y quizás te sientas un poco mas tranquilo, también te quería decir que esta bien, que es normal que te sientas triste o abatido, o que incluso tengas miedo. A mi, en otras circunstancias, también me pasó. Antes de mi cruz le recé a mi Padre y le pedí que aparte de mi ese cáliz, ¿te acordás?. Además cuando le pedí a mis amigos que oraran conmigo se quedaron dormidos, me sentía un poco sólo. Pero me aferré a la fe, a la fe en mi Padre (en nuestro padre) y seguí adelante, yo sabía que después de la muerte llegaría la hora de la resurrección.  Por eso, porque yo ya pasé por una tormenta muy difícil quiero decirte que esta bien que estés un poco triste o angustiado, pero que (aunque no lo parezca) no estas sólo yo estoy ahí con vos y siempre voy a estarlo.

Te quería pedir entonces que te aferras a tu fe sabiendo que después de la cruz viene la resurrección, que después de la tormenta sale el sol. Además te recuerdo que podes acudir a mi cuantas veces sea necesario, disfruto mucho de escuchar tu voz, de que confíes en mí para contarme tus preocupaciones. Acá estoy con los brazos abiertos, para contenerte, abrazarte, llorar con vos si lo necesitas y luego ayudarte a levantarte y seguir caminado junto a mí.

Siempre que quieras recurrí a mi sabes que yo soy capaz de renovar tu corazón y hacer que nazca nuevamente la alegría en él.

Recordá que te quiero tanto que volvería a dar mi vida por ti.

Con mucho cariño, Jesús.

 

Fuente: Oleada Joven – Radio María

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *